Cambio de estación en el Psoe

Quienes apostamos por la marca “España” anhelamos continuidad democrática. Esto es un común denominador entre la mayoría de los españoles. Yo, no siendo del PSOE, les dedico estas líneas, festejando la democracia.

AL PP, al PSOE y a la Monarquía, en la era democrática española les tocó la tarea de definir lo que era razonable y conveniente para el país. Ellos son los artífices de la España moderna, con sus defectos, que los tienen; ellos reflotaron España. Y punto.

Duele mucho apreciar en las filas de un partido, cuyos líderes y fundadores han estado apegados a las reglas democráticas, la contaminación de ideas que no riman; me refiero al desastre que Pedro Sánchez produjo en el PSOE; él subordinó el partido a su propia supervivencia, lo cual solo benefició a las opciones que están a la caza de los espacios vulnerables e intentan el cambio negativo. Por su culpa no hubo gobierno durante muchos meses.

Sánchez consiguió un divorcio entre sus votantes; pensó que alguna victoria en unas primarias le resolvería la papeleta y agotó el discurso de la izquierda, olvidando que la población aspira a una felicidad que solo se consigue con sistemas de bienestar estables, que aseguren un futuro libre. Por su personalidad narcisista, él no supo leer a su gente.

Susana Díaz -una andaluza humilde, inteligente y muy hábil-, ha recibido la bendición de los grandes “cacaos” del PSOE: Felipe González, Zapatero, Rubalcaba y otros tantos; con ellos busca en las bases el voto de quienes no tengan odio ni rencor, para reencontrarse con lo que fueron. Ella entiende que el PSOE tiene su razón de ser gobernando, “pero no llegando a la Moncloa a cualquier precio y en sociedad con los que comulgan: populismo, nacionalismo y desigualdad”.

El PSOE se reflota y ello suma a la grandeza de la Democracia Española. Quienes estamos del otro lado de la acera vemos con buenos ojos este evento que garantiza el sistema de libertades de España y asegura su futuro. En la UE esto genera “los susurros de la tranquilidad”.

Una España sólida y en democracia también beneficia a Iberoamérica, en la que residimos miles de españoles quienes sufrimos, sentimos y vivimos a España, no solo en el recuerdo, sino que también activamos, votamos , aquí y brindamos con la copa en alto, “¡Viva España! ¡Viva el Rey!”.