Café y filosofía

analistas

Desde 1992, todos los domingos a la misma hora y en el mismo lugar se desarrolla con un especial protocolo vinculado a la “Majeutika”, con el intercambio de opiniones sobre la filosofía y con la participación espontánea de mujeres y hombres de todas las edades y de todas las profesiones, lo que los medios de comunicación han denominado en francés “Café-Philo”. Este primer centro fue y aún lo es hoy el Café des Phares, al margen del novedoso edificio de la Plaza de La Bastilla en París. Esta iniciativa del profesor de filosofía, Marc Sautet, especialista en Nietzsche, que dejó el balón de fútbol cuando descubrió a los grandes filósofos, no sólo originó los “Cafés Filosóficos” sino que incluso abrió el primer consultorio de filosofía en Francia. Como estaba cerca el consultorio filosófico de la Plaza de la Bastilla, solía reunirse con sus amigos todos los domingos en el Café des Phares con el tema central de la filosofía y dentro del criterio de que esta disciplina humanística debía salir de los claustros universitarios. Esto dentro de la herencia dejada por el movimiento juvenil de Mayo de 1968.

Durante mi carrera diplomática, cada vez que pasaba por París asistía a estos conversatorios filosóficos en este café histórico e incluso pude cultivar la amistad de Sautet. Aún conservo dos ejemplares de su obra: “Nietzsche para debutantes” y “Un café para Socrátes” publicados en 1981 y 1985. Para él la filosofía debía salir de los guetos universitarios, al margen de cualquier plataforma política o religiosa y descender a las calles aprovechando las atmósferas de los cafés y sin la presencia del alcohol; el desafío más importante era y sigue siendo para estos cafés, hoy extendidos por todo el mundo, tratar de comprender al hombre y a su entorno en estos tiempos de incertidumbre. Según Sautet: “La Filosofía nació hace 2.500 años en una situación de crisis terrible parecida a la que conocemos hoy: La Crisis de la Democracia Ateniense”. Efectivamente, como Sócrates en su época, la crisis de la sociedad y de la democracia obligaba a la reflexión y a la interrogación en el diálogo permanente, preguntándose por el “¿qué y para qué?”.

La participación es libre y gratuita, y durante dos horas en todos los Cafés Filosóficos orientados por alguien que ame la filosofía y con un tema propuesto por los asistentes. En Caracas desde el año 2001, animado por la Sra. Carmen María Ravelo de Salge, ha venido funcionando algo parecido a esta práctica iniciada en Francia y que correspondió a quien esto escribe sugerir la iniciativa. Al referirse al Café de Sócrates en Venezuela, Carmen María señalaba que ha sido y continuará siendo un semillero de la reflexión y de la creatividad. En residencias familiares, en embajadas, en centros culturales, hemos podido participar en muchos de los debates. La nueva iniciativa más ortodoxa se realizará este año en el Centro “Le Richmond”, en el Centro Comercial California Suites, el primer domingo de febrero. La invitación es abierta y la participación es colectiva, propicia a la reflexión y a la palabra. No se trata de una confrontación de ideas ni un debate conceptual, se privilegia la duda sobre las convicciones, y es una especie de logoterapia. Más allá de la información, lo importante es encontrar el verdadero sentido de las palabras.

Tuve la oportunidad de asistir al Salón del Libro en París durante los años 1997 y 1998 y participar en el Café Filosófico, con debates que se desarrollaban todos los días desde las 11:00 am hasta las 06:00 pm. En todos ellos, junto a un café y un croissant, también el espíritu se alimenta de esa necesidad que todos sentimos por la trascendencia y la búsqueda de la verdad. El propio Edgar Morín en su libro “La tête bien faite”, en 1999 señalaba, al referirse a estos cafés, que la filosofía concernía a todos y cada uno y la vida cotidiana. No es una disciplina, es una potencia de interrogación y de reflexión, aunque otros filósofos como Bernard Henry Levy negaban esta visión populista de la filosofía cuando afirmaba que la misma no estaría nunca al acceso de todos porque supone una actitud especial. Además, algunos también afirman que el debate filosófico es asimétrico entre los que conocen y han estudiado filosofía que estiman que sin una sólida cultura filosófica es imposible debatir filosóficamente y quienes neófitos, se acercan criticándolos por una ausencia casi total de reflexión personal y apertura de espíritu. Lo cierto es que al menos un pequeño grupo, para evitar la anarquía, no pueda tener cierta formación filosófica mínima, por eso la exigencia de los moderadores pero la palabra sigue siendo absolutamente libre con la alegría de hablar, la negación del autoritarismo, la igualdad de los espíritus y la preocupación común por la vida.

Si algún día pasas por París, el metro puede dejarte en la estación de la Bastilla, busca el Café des Phares, cualquier domingo de 11:00 am–01:00 pm. Podrás sugerir la cuestión filosófica del día que se pasa a votación y participar en el conversatorio dentro del pluralismo y la libertad de pensamiento.