Cada vez entiendo menos

“Es esto, precisamente, lo que no entienden los espíritus simples, que están siempre en busca de respuestas fáciles y comprensivas de hechos que, por su propia naturaleza, son incompatibles y contradictorios.”

Estamos en el medio de una improvisación entre quienes ostentan el poder y quienes lo pretenden.

No se sabe cuál de las partes la tiene más difícil. Ambas están inmersas en callejones sin salidas. Ojo: se puede gobernar con popularidad inferior al 10%.

La situación económica social y moral actual es comparable con la de grandes depresiones y guerras.

La oposición venezolana agrupa una serie de corrientes de pensamientos y partidos que fueron rivales, con visiones opuestas, por ello se hace casi imposible unificar un criterio. Allí hay algunos buscando intereses particulares; por eso tanta locura en aquella comparsa.

Por otro lado, quienes mandan están igualmente polarizados. Ellos unidos lucharan, como es normal, por aferrarse al poder, aunque son minoría.

En la mitad de esta ensalada está la Sociedad Civil, quienes aspiramos progreso; los que no se pueden ir, los más sufridos, cuyo único proyecto de vida se llama Venezuela, sin menospreciar la incertidumbre del más del millón de paisanos quienes están en el exilio en estado de permanente tristeza, teniendo en su corazón la bandera del país más rico y bello del mundo ,por ahora, con un futuro incierto porque los unos y los otros siguen luchando por la cuota de poder; por la presa.

Los que cada vez entendemos menos, estamos seguros de algo: las reconciliaciones solo se dan entre quienes han estado adversándose; lo único seguro es el cambio siempre.

Estamos todos psicológicamente afectados y somos víctima del asqueroso juego de la política; la inconsciencia de los actores políticos genera descontento y nos lleva al desánimo, a todos.

La gente como yo está ahora en una peor posición pues no entendemos nada. No desciframos tan contradictorios mensajes. ¿Hasta cuando los unos y los otros?

Nos tocará, como Sociedad Civil, conseguir las soluciones, las luces y los puntos de encuentro y sin abandonar los principios, hay que empezar a dialogar dejando de lado a los que ya han fracasado y en los que hemos confiado. A ellos gracias y hasta luego.