Avengers: Infinity War, muerte y resurrección de un género

Construir un universo consistente en una película es harto complicado. Cimentarlo, ampliarlo y enriquecerlo con más largometrajes —y diferentes personajes— es una labor de filigrana donde una pieza mal puesta puede destruir el conjunto. Los imperios se construyen en años, pero se derrumban en instantes… estemos en Roma o en Hollywood (y ni hablar si detrás hay millones de dólares y fanáticos implacables frente a cualquier error). A pesar de esto, Marvel tomó el riesgo de construir su propio universo al anunciar en la escena post-créditos de Iron Man (2008) la posible creación de los Avengers. Un glimpse que serviría de piedra angular para el crecimiento exponencial de su roast de super héroes y la constitución de su famoso Universo Cinematográfico (UCM). Luego de 10 años, 18 películas y varios cross-over entre franquicias, la semilla que plantó el estudio se ha traducido en muchos éxitos, ganancias increíbles y muy pocos bemoles, experiencia que ha abonado el terreno ideal para la apuesta mayor: el tan esperado estreno de Avengers: Infinity War. El largometraje más ambicioso que se ha hecho en este género, el cross-over de super héroes más grande de la historia del cine y, de lejos, la jugada más arriesgada del estudio. Un evento cinematográfico que marca el cenit del UCM tal como lo conocemos, creando un hito en el desarrollo posterior de las franquicias de Marvel.

Sin entrar en mayores detalles, Avengers: Infinity War cuenta la travesía del terrible Thanos (Josh Brolin) y su séquito para obtener las gemas del infinito (las famosas piedras que han tenido protagonismo en varias películas del UCM y que han servido de hilo conductor para llegar hasta este punto). Cada una de ellas le otorgan a su poseedor habilidades extraordinarias que van desde tergiversar la realidad hasta manipular el tiempo. Por su poder ilimitado, las gemas solo pueden ser contenidas en un guantelete especial que permite controlar su energía, transformando al que lo tenga en un ser omnipotente, capaz de cargarse a toda la galaxia con el chasquido de sus dedos (parafraseando a nuestra querida Gamora). Como todos sabemos, varias de las gemas están bajo el resguardo de algunos personajes de Marvel: La Gema del Espacio la tiene Loki (Tom Hiddleston), La Gema del Tiempo la cuida Doctor Strange (Benedict Cumberbatch) y la Gema de la Mente la posee Vision (Paul Bettany) en su frente, haciendo del planeta tierra una parada obligada en el viaje de Thanos. Por supuesto, esto desencadena que, una vez más, los héroes más poderosos del planeta se unan para hacerle frente a la más grande amenaza a la que se han tenido hasta el momento, creando un nuevo assemble de Avengers.

Escribir una crítica de Avengers: Infinity War sin spoilers es el equivalente a caminar por un campo minado. De lejos, este ha sido uno de los blockbusters más “spoileables” que he visto desde Sixth Sense o The Others. Tan titánica como la lucha de los Avengers contra Thanos, es la de los fans contra los trolls en las redes. Para muestra, Marvel comenzó una campaña —de la mano de todos sus directores, actores e influencers— para que el público no revelara las sorpresas de la trama al salir de la sala de cine. A pesar de esto, ha sido imposible contener los spoilers y memes sobre las vueltas de tuerca de la historia. Un resultado completamente lógico cuando hablamos de un fenómeno mundial como el UCM y la ausencia de una suerte de “código de ética” en el mundo 2.0 (la tecnología avanza a pasos agigantados, pero en materia de “uso responsable de redes” estamos en la época de las cavernas).

Entrando en materia, Avengers: Infinity War arranca a mitad de conflicto, con la violencia y oscuridad que caracteriza las películas anteriores del UCM que han estado bajo la dirección de Anthony y Joe Russo (Captain America: The Winter Soldier y Captain America: Civil War). A pesar de esto, en pocos minutos, el largometraje se aleja de todos sus predecesores, dejándole claro al espectador —y sin anestesia— que esta será la historia más cruda que verá del estudio. Solo en los primero 10 minutos suceden eventos en la trama durísimos, relacionados con personajes entrañables y que nos dan el tono de todo lo que vamos a experimentar de la mano de Thanos y sus secuaces, quienes hacen gala de su poder y crueldad.

Por supuesto, quien se roba el show es Thanos. Más allá de la excelente caracterización de Josh Brolin, lo interesante de su personaje son sus motivaciones que lo dotan de una profundidad que pocos antagonistas poseen dentro de UCM. Thanos tienen un backstory poderoso y unas razones completamente válidas —desde su psique apolinea y titánica— para obtener las gemas del infinito. Temido en toda la galaxia por diezmar planetas, este antagonista está obsesionado con el balance y la armonía de las cosas, creyendo fielmente que cargándose a medio universo va a arreglarlo todo. Aunque suene paradójico, su travesía obedece más “al bien común” que a unas ansías de poder para sí mismo. Por otro lado, las verdaderas fuerzas antagónicas que interfieren en su viaje son sus dilemas personales (colocando su lucha contra los Avengers en un segundo plano). Dejando a un lado su poder, Thanos es un tipo inteligente y que va directo a lo que quiere, sin perderse en planes enrevesados ni discursos tontos o inconsistencias narrativas (flagelos que aquejan a la gran mayoría de los antagonistas de Marvel). Su presencia es tan fuerte que en ningún momento se ve opacada por los héroes que gravitan a su alrededor. De hecho, él funciona como la columna vertebral de la historia y gracias a su desarrollo se justifica el super assemble que ocurre en Avengers: Infinity War. Sin lugar a dudas, va al Top de los mejores villanos del UCM y, en líneas generales, del cine de super héroes (junto con el Joker de The Dark Knight, Ozymandias de Watchmen y Magneto de X-Men). Thanos es de esos pocos antagonistas que, de verdad, meten miedo al público y que nos hacen sentir que en cualquier momento pueden matar a cualquiera.

Por el lado del guión, la dupla de Christopher Markus y Stephen McFeely vuelve a funcionar a la perfección. Ambos son responsables de la trilogía de Captain America y Thor: The Dark World, las películas más maduras del UCM (donde el humor habitual de Marvel se ve diluido en pequeñas dosis, siendo el drama y la acción los registros predominantes acompañados por una atmósfera oscura y tensa). En Avengers: Infinity War esta dupla superó sus trabajos anteriores, explorando nuevas posibilidades dramáticas y llevando su estilo hasta las últimas consecuencias. La historia es un non-stop de secuencias de acción desde la primera escena hasta la última, sin ningún tipo de tiempo muerto o relleno. Sus 2 horas y media de duración

(que pasan volando) están cargadas por una montaña rusa de emociones que van desde la risa, el llanto, la adrenalina y, sobre todas las cosas, mucha tensión. Markus y McFeely se pasean con soltura entre un registro y otro (algo que no veía desde Cloud Atlas de las Wachowski y Tykwer), presentándonos una galería de héroes, dándole a cada uno su momento estelar y haciendo que funcionen como conjunto a la perfección (labor en la que fallaron las 2 entregas pasadas de Avengers). Todo esto creando pequeñas “pausas” en el fulgor de la lucha para profundizar en los dramas internos de los personajes y así dotarlos de profundidad, generando una gran conexión emocional con el público. Lejos de ser una lucha de egos entre héroes o de tener una historia más fuerza que la otra, los guionistas lograron que el largometraje funcionara como un engranaje de una precisión única donde los tiempos en pantalla, acciones, sacrificios y decisiones están tan bien calculados que nadie termina siendo opacado en la suma de las partes. Sin contar que la distribución de héroes en la trama es tan impredecible y, al mismo tiempo, tan práctica que el espectador se encuentra constantemente sorprendido al ver cómo personajes, aparentemente incompatibles, resultan ser el mejor equipo de la historia.

Si los hermanos Russo se han lucido en la dirección hasta hoy, acá subieron la barra muchísimo, superando con creces a las 2 entregas anteriores de Avengers y colocando el listón del UCM bastante arriba. Más allá de llevar a buen puerto una película larguísima y compleja (más de 30 héroes en el guión, vueltas de tuerca, cambios de registro, etc), lograron sorprendernos en todas las secuencias de acción (algo harto complicado cuando tenemos tantos referentes épicos dentro del UCM). Los directores hicieron algo lógico, pero que parece imposible en el cine de hoy en día: que todas las peleas se entiendan perfectamente. Una de las patas cojas del UCM (y de DC también), es que en las escenas de lucha donde hay varios personajes la acción terminan por diluirse en un espectáculo de acrobacias, explosiones y minions que invaden la pantalla. En Avengers: Infinity War el espectador capta con lujo de detalles todo lo que sucede en el campo de batalla; cada héroe disfruta de su “momento” especial en el fulgor del combate y en el trabajo de equipo apoyando a los demás, haciendo que esta película tenga las secuencias de acción más alucinantes de todo el UCM. Por supuesto, no todo son super poderes, explosiones y golpes en Avengers: Infinity War. Los hermanos Russo combinan con inteligencia la acción con la tensión en todo momento, aderezando la mezcla con chistes a cuenta gotas y escenas dramáticas muy duras —que solo terminan de asimilarse al salir de la sala de cine—, sin perder jamás la atmósfera oscura de la película.

En el aspecto técnico, es super interesante ver cómo los Russo, que tienen una impronta tan marcada con el uso de la cámara en mano, paleta de colores oscura, escenas de combate hiperrealistas, closeups para acentuar el drama, etc, logran adaptar su estética cada vez que están con un grupo de héroes diferentes, respetando el código visual de cada universo y arropándolo con el suyo. De esta forma, uno siente que las escenas donde aparecen los Guardianes de la Galaxia fueron dirigidas por James Gunn, las de Doctor Strange por Scott Derrickson y así sucesivamente. Propuesta que se extiende a la dirección de fotografía de Trent Opaloch y el diseño de producción de Charles Wood, quienes hacen un trabajo excepcional en crear espacios nuevos y adaptarse a los existentes. Viendo cualquier fotograma al azar, la propuesta estética de Avengers: Infinity War es muy cinematográfica, comparable con el trabajo que hizo Rian Johnson y su equipo en Star Wars: The Last Jedi o Zach Snyder en Watchmen.

De los héroes poco hay que decir: todos brillan y funcionan como equipo sólido tanto en términos dramáticos como en caracterización. Por supuesto, hay unos cuántos que resaltan en el conjunto por el despliegue que hacen a nivel actoral y funcional dentro de la historia. Los secuaces de Thanos cumplen con su labor de ser minions del antagonista principal, pero en las secuencias de acción se lucen muchísimo más que su jefe, colocando en aprietos a los Avengers hasta el último minuto.

Más allá de complacer los sueños de los fanáticos, Avengers: Infinity War marca un hito en el cine de super héroes. Dejando a un lado las dimensiones del cross-over que hace, la película de los hermanos Russo toma riesgos que —hasta el sol de hoy— ninguna franquicia de ese tamaño había asumido. Agarrar a un puñado de personajes que el público ama e intervenir su destino de forma radical en un chasquido es una decisión que nunca antes un estudio había hecho. Independientemente de las teorías de los fans o del “factor Disney” (donde revivir puede ser una opción factible… aunque no a todos), el camino que se tome en la siguiente entrega de Avengers va a tener repercusiones vitales en el desarrollo de la franquicia.

Los Russo hicieron una apuesta enorme en un género bastante tradicional y que parece agotarse con cada entrega (a pesar de que Marvel Studio ha sabido renovarse de forma inteligente). Alejándose de sus predecesoras, los directores hicieron una película rupturista, ominosa, madura, violenta y que deja a todos sacudidos al terminar la proyección. Algo que jamás había experimentado en el UCM y que pocas películas de este género han logrado. Independientemente de lo que suceda en su segunda entrega, Avengers: Infinity War revivió las expectativas del público frente al cine de super héroes y nos enseño que, en las manos correctas, las apuestas all-in valen la pena. Ahora nos toca esperar un año más para saber cuál será el futuro del UCM y rezar para que la siguiente entrega de Avengers esté al nivel -o por encima- de su predecesora.

Lo mejor: Thanos, tanto por su construcción como caracterización. Las vueltas de tuerca del guión. La acción de principio a fin y sus coreografías alucinantes. El equilibrio entre los héroes y los equipos que se forman. Su atmósfera oscura y tensa. Los riesgos que toma.

Lo malo: la ausencia de un par de personajes super queridos en este assemble. Los spoilers de su argumento hicieron que las redes dañaran la experiencia de muchos. La próxima entrega puede poner en jaque el UCM o restarle valor a los riesgos que se tomaron en esta película.