Alirio Díaz, embajador cultural de Venezuela en Europa

 Alirio Díaz
Alirio Díaz - Referencial

La guitarra universal está de luto, silenciosamente se fue el Maestro Alirio Díaz. Falleció en Roma. Repongo su crónica. Encargado del Teatro Juares de Barquisimeto, me alegraba el anuncio del concierto anual del Maestro Alirio Díaz y recordaba cuando en Roma o Milán, apenas anunciaban sus recitales, el público italiano agotaba la boletería la misma mañana. Me emocionaba por primera vez escuchar en persona a un artista de la guitarra a quien admiraba hacía tiempo. Aquella noche lluviosa, desde el palco principal miraba la platea semivacía, los vestíbulos desiertos y los otros palcos con audiencia exigua. Nervioso miraba el reloj y se aproximaba la hora del concierto. Minutos antes fui al camerino para excusar ante el Maestro, con el pretexto de la lluvia, el limitado público.

No se preocupe, me dijo sonriente con la guitarra enarbolada por el mástil con su mano izquierda. Siempre es igual, pero todos los años vengo a dar mi recital. No importa, toco para los que vienen. Enmudecido escuché apenado su humilde explicación, cuando uno de los viejos trabajadores del teatro –el entrometido que nunca falta– agregó en medio de un sorpresivo silencio, licenciado, es que aquí, hasta a los más finos lo que le gustan son las rancheras, los vallenatos y las llaneras. Como dice el Maestro, no se preocupe, siempre es así… El Maestro sonrió y salió hacia el escenario.

Nacido hace 92 años, el 12 de noviembre de 1923 en un caroreño poblado del municipio Torres del estado Lara, Alirio Díaz ha dicho que la música de su natal La Candelaria, la escuchó en el vientre de su madre. Es la más humilde explicación del arte de uno de los más importantes guitarristas del mundo, orgullo del estado Lara. 

Con 16 años, Alirio Díaz abandonó el pastoreo de los chivos y las tareas del campo, se le escapó a su padre y se fue a Carora donde comienza estudios musicales con Don Chío Zubillaga. El educador caroreño lo refiere luego a Trujillo, con Laudelino Mejías, con quien aprende armonía, teoría y solfeo al tiempo que tocaba en la banda regional para cubrir sus gastos. 

En 1945 se va a Caracas, con los grandes pedagogos de la música. Estudia guitarra con Raúl Borges y se especializa con Vicente Emilio Sojo y Juan Bautista Plaza, en la Escuela Superior de Música. El país se le hace pequeño a sus ganas de aprender. Cinco años más tarde, está en Madrid, con el maestro Regino Sainz de la Maza. Al año siguiente, en Siena, Italia, se consolida como concertista bajo la tutela del maestro Andrés Segovia quien tres años después alterna la cátedra con el artista caroreño a quien le llueven conciertos y talleres.

“Mi nombre iba por el mundo al lado de mi país”, confesaba mucho después a la periodista Milagros Socorro. Le aseguraba ser el primer artista venezolano en difundir nuestra música en el exterior. Lauro, Sojo, Carreño, temas populares arreglados por él. Como diplomático, fue embajador cultural de Venezuela en Europa, con residencia en Italia en primavera y otoño. Pero cuando el invierno apretaba, Alirio Díaz regresaba a La Candelaria. Viene a visitar los parajes de su infancia. Dice que necesita ver las lagartijas, los chivos de su niñez. Escuchar a los pájaros romper el silencio de la madrugada.