Ahora Panamá no nos quiere

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Panamá - Archivo

La reciente medida del gobierno panameño de cerrarnos las puertas y exigirnos visa me obliga a refrescarles la memoria a sus nuevos políticos: a los preppi que se visten bien, pero se saltaron la asignatura de historia en sus colegios, los cuales siempre fueron de mala calidad por cierto.

Esto no va en contra del gobierno venezolano, afecta a nuestro pueblo. No es como lo están pintando algunos de la oposición venezolana, que hacen de ello otro brindis, o como lo aplauden los “sabios” que se fueron de Venezuela y tienen para vivir el resto de sus vidas con lo que chuparon de la patria de la que que ahora reniegan.

En los ‘80, cuando Panamá era un pueblito en dictadura y un régimen infiltrado por todo lo peor, miles de panameños se fueron a la emigración no deseada a Canadá, Colombia, Estados Unidos y Venezuela.

A Venezuela llegaron muchos. Por cierto, una de las personas que marcó mi vida era panameña y trabajó como doméstica en mi casa; mis padres la tomaron como una hija, le enseñaron a leer. Con su trabajo honrado surgió y en los noventa retornó llena de tantos gestos de amor que recibió en nuestro país.

La emigración que recibimos de Panamá no fue la más calificada. Los panameños no nos aportaron mucho, como otras minorías, pero los tratamos con cariño. Ellos sí que se llenaron de grandes cerebros venezolanos que los están haciendo crecer.

Resulta curiosa esta medida después de haber recibido tantos capitales venezolanos y me pregunto: ¿por qué no lo hicieron antes, mientras estaban chupando del festín de los dolarcitos? ¿Será que si el Presidente Maduro ordenara el pago de la supuesta deuda pendiente, cambiarían de opinión?

La medida oculta los tantos problemas que tiene ese país, cuya economía creció sin explicaciones en corto tiempo, con un cuestionado sistema bancario y donde hay muchos inmuebles “sin dueños” y rascacielos como en Nueva York.

Esta acción ,es una señal de rechazo a nuestro pueblo, que lastima, me hubiese gustado una iniciativa constructiva, de esperanzas, que promueva un cambio democrático en el país y se oriente al reencuentro de los venezolanos: los que anhelamos vivir en paz.

El mundo da muchas vueltas y nuestros nietos seguramente no tomarán represalias por este desprecio.